Mujeres e informática: desbaratando el código unario, por María Pérez Ortiz

¿Informática? ¿Tus padres te dejan estudiar eso?” Me ha costado una década entender la pregunta que una compañera de clase me hizo durante el verano en el que dimos el paso al mundo universitario. Yo tenía mi decisión clara. Pensaba: ¿qué puede salir mal si combinas matemáticas, electrónica, pensamiento lógico y programación? Sin embargo al encontrarme en el camino con algunos de los tópicos que alimentan la brecha de género en esta disciplina he comenzado a entender esta pregunta.

La mujer ha jugado un papel determinante en la evolución de la tecnología. Seguramente conozcas a
Ada Lovelace, pionera en programación informática, y a muchas de sus sucesoras, que no han sido pocas. Hasta la segunda guerra mundial, la programación se llevaba a cabo predominantemente por mujeres. Durante décadas, el número de mujeres informáticas crecía más rápido que el de hombres. Pero en 1984 algo cambió, el porcentaje de mujeres empezó a descender significativamente, mientras que en otros campos técnicos y profesionales siguió creciendo. Este cambio se atribuye en gran parte a la introducción del ordenador doméstico. Estos primeros ordenadores eran más bien un pasatiempo. Podías jugar a algunos juegos muy simples de disparos o deportes, quizás usar algo de procesamiento de texto. Estos “juguetes” salieron al mercado dirigidos casi exclusivamente a los chicos y esto ha dado forma a la narrativa e historia de la revolución tecnológica.

En el curso universitario de 1984-1985 en Estados Unidos la mujer representaba el 37% de los estudiantes en informática. En la década de los 90 las cifras descendieron al 24%. En la actualidad gran parte de las universidades a nivel mundial luchan por llegar al 15%. En el caso de España (Universidad de Granada) encontramos cifras muy similares, disminuyendo el porcentaje de un 30% a un 12% desde 1985 a 2017. Todo esto al mismo tiempo que la tecnología cambia el mundo y el trabajo en las llamadas STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas, por sus siglas en inglés) crece desorbitadamente, con los puestos tecnológicos presidiendo la lista.

Estereotipos, cultura, prejuicios y falta de referentes. Es difícil apuntar a un sólo motivo por el cuál el número de mujeres estudiando informática no para de descender. En primer lugar, la caracterización del ingeniero informático como hombre friki con escasa habilidad social e interacciones limitadas a ordenadores se ha extendido en la última década. Esto no sólo afecta a la presencia femenina, sino que hace que la tasa de abandono en el primer año de carrera sea muy alta, en torno al 25%, debido a expectativas inadecuadas. Al final se trata de una ingeniería con muchas matemáticas. Además, por lo general existe todavía la creencia de que las profesiones relacionadas con la ingeniería en general son limitadas, impersonales e inadecuadas si uno quiere marcar la diferencia a nivel humano, lo cuál está muy alejado de la realidad. Desconocemos las salidas profesionales e ignoramos el impacto que la informática está teniendo en nuestra sociedad. El desequilibrio se aprecia ya en la modalidad elegida en bachillerato, quizás motivado por el asesoramiento familiar y del profesorado de secundaria, donde en general se conduce a las chicas jóvenes a la idea de perfección, a elegir unos estudios que van a hacer bien, en detrimento de otros que puedan traer consigo más retos.

Ada Lovelace. Imagen: Wikimedia Commons.

Pero, ¿por qué estudiar informática? De acuerdo al Consejo de Colegios de Ingenieros en Informática la inserción laboral de esta disciplina es del 95,6%. De hecho, la gran oferta laboral lleva a muchos estudiantes a empezar a trabajar antes de terminar la carrera, descendiendo así la cifra de egresados. Las cifras estadounidenses muestran que es una de las carreras con mejor equilibrio entre trabajo y vida personal, muchos puestos permitiendo horarios flexibles o trabajo remoto. Además de ser una carrera con gran impacto social y amplias posibilidades, es uno de los pocos campos en el cual la brecha salarial es casi inexistente.

Los grandes gigantes tecnológicos (Google como ejemplo) están tomando ya medidas para revertir esta tendencia, invertiendo millones para incrementar la representación de mujeres “hackers” en Hollywood o llevando iniciativas a los colegios e institutos. Al mismo tiempo, las mejores universidades del mundo intentan eliminar estas connotaciones y barreras negativas jugando con el lenguaje, cambiando el nombre de asignaturas como “Introducción a la programación simbólica” a “La belleza en la computación”, con resultados sorprendentes. Pero esto no es suficiente, tanto padres como educadores deben trabajar juntos para fomentar el interés por la tecnología desde una edad temprana y dar visibilidad a líderes tecnológicas femeninas. No sólo porque es una profesión creativa con grandes salidas profesionales, sino porque la tecnología ha llegado para quedarse, y no podemos permitirnos prescindir del talento de la mitad de la población para construir nuestro futuro.

Autora:
María Pérez Ortiz es doctora en ciencias de la computación, investigadora en inteligencia artificial en la University College London (Reino Unido) y aprendiz de escritora en sus ratos libres.

Desde la asociación Mujeres Ingenieras queremos agradecer María Pérez Ortiz, autora de este artículo, que nos haya permitido su reproducción  en nuestro blog.

Fuente: